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TITANES EN LA SOMBRA: Kessler y la ley de la ayuda mutua

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Los aficionados a la ciencia ficción en el cine somos personas frustradas. Salvo contadas excepciones, tenemos que vivir en montañas rusas emocionales que nos llevan, desde la apasionante noticia de un nuevo proyecto cinematográfico que próximamente plasmará alguno de nuestrosclásicos literarios preferidos, hasta la desilusión más profunda
que nos embriaga en la profundidad de una butaca de cine (si, porque
queremos meternos bien adentro para dejar de ver el asesinato en 24
fotogramas por segundo que estamos viendo). No iba a ser menos lo que
ocurrió con la película Serenity del director Joss Wedhon (año 2005) pero, de todo, se puede sacar provecho. En esta ocasión, vi la
película en mi cómodo sofá y, entre los dedos de las manos (me
había tapado la cara para protegerme de las ondas pútridas que
emitía la película), pude ver y escuchar una perla brillando y saliendo a relucir en tan profundo
lodazal. El capitán Malcolm Reynolds, dueño de la nave Serenity —y
después de intentar esconderse de la alianza tras la derrota que
había sufrido durante el intento emancipatorio  que de los planetas
del anillo exterior llevaron a cabo 15 años atrás— decide volver a
revelarse ante las mentiras de la alianza, y sentencia: 

“Escribir
historia es el arte de ocultar la verdad” 

Efectivamente, quien
vence, escribe la historia y está en situación de ocultar la
verdad.

Aquí es donde
entra nuestro titán de hoy: Karl Fiódorovich Kessler. La historia
escrita sobre la teoría de la evolución ha dejado a muchos
evolucionistas enterrados bajo metros de polvo y toneladas de papel.
Se escribe mucho (en palabras de Stephen
Jay Gould
) sobre “el arte de contar
historias
” evolutivo, es decir, se hacen innumerables conjeturas en base a la
premisa de que toda estructura corporal de un organismo tiene una función porque determinada porque, para su que haya evolucionado, ha debido de proporcionar
cierto beneficio al organismo que la posee. De otra manera, no se
habría desarrollado. Esta forma de proceder se ha venido a definir
como la “falacia funcionalista”. Existen múltiples estructuras y
caracteres en los organismos que no encuentran su origen en un
beneficio para el organismo sino que, por ejemplo, son el resultado
casual de otras adaptaciones (Gould ha pasado su prolífica, pero
inesperadamente corta, vida ensayística llenando la literatura
científica de ejemplos de esta falacia y de ejemplos de estructuras
originadas sin que el motor evolutivo sea un “beneficio” para el
organismo. Quizá el clásico ejemplo suyo sea “el pulgar del
panda” pero, desde mi punto de vista, es más ilustrativo, “Sobre
los huevos del Kiwi y la campana de la libertad”). En los albores
de la Teoría evolutiva, fueron numerosos evolucionistas los que
ampliaron las ideas de Darwin para hacer más completa la forma de
comprender de qué manera los organismos evolucionaban. Cuando Charles
Darwin
definió y acotó el
concepto de “lucha por la existencia”, asegura que que lo aplica “en
el más amplio de los sentidos”. Sin embargo, esa consideración
sirvió de poco. La gente más próxima a sus ideas terminó
tergiversando el concepto (distorsionándolo); extendiéndolo a todos los aspectos del funcionamiento del mundo natural y llevándolo al
extremo. El Ejemplo paradigmático es la obra de T.
H. Huxley
de 1888. Un artículo
denominado “Struggle for Existence and
its Bearing upon Man”
, publicado en
la revista Nineteenth Century — y que desataría un debate apasionante
con Piotr Kropotkin (ver “Kropotkin
y la teoría evolutiva
”)—, terminó con la siguiente derivación del concepto de “lucha por la existencia”: ahora se llamaba “supervivencia del más apto”, tomando un cariz claramente
Spenceriano (Darwinismo Social). Aquí un reflejo de la tergiversación:

los más
débiles y los más estúpidos están condenados a muerte, mientras
que sobreviven los más astutos y aquellos a quien es más difícil
vulnerar, aquellos que mejor supieron adaptarse a las
circunstancias…”
(1888).

La
mayoría de estos teóricos evolutivos sepultados por aquellos “vencedores” de la idea de la “supervivencia del más apto” y que terminaron escribiendo la propia historia de cómo se fraguó la teoría evolutiva, defendían otra fuerza que actuaría conjuntamente con la “ lucha por la existencia”: fue la llamada
“ley de la ayuda mutua”. Pese a que fue Kropotkin quien llevó
esta idea al título de su obra de referencia,
la idea no era suya, era de Karl
Fiódorovich Kessler
.

Kropotkin,
que tenía una buena formación biológica, no hacía más que
expresar un consenso ruso al argumentar que la regulación
independiente de la densidad poblacional, debida a un endurecimiento
ocasional pero severo de las condiciones ambientales, tenderá a
promover la cooperación intraespecífica como modo de selección
natural […] Kropotkin y sus colegas rusos habían hecho buenas
observaciones en ese contexto local, pero se equivocaron al
generalizar sus ideas a todo el mundo natural.”

Esto
decía, sobre Kropotkin, Stephen Jay gould en su “Estructura
de la teoría de la evolución

(2002). Como veremos esta afirmación será también aplicable a
Kessler, demostrándose así que la idea surge independientemente de
la ideología del científico que la proponga. Kropotkin fue el
ideólogo del anarco-comunismo. Kessler por su parte tenía fuertes
convicciones conservadoras.

Kessler
era un zoólogo ruso nacido en 1815, que desarrolló su labor
académica en la universidad de San Petersburgo (universidad de la
que llegaría a ser rector), en la que también comenzó sus estudio
en 1834, y en la que, gracias a su posición, pudo conocer a la
mayoría de estos evolucionistas partidarios de una visión más
amplia de la evolución. Muchos eran zoólogos (Beketov ,  V. M.
Bekhterev,  N. D. Nozhin, el propio Kropotkin que era geólogo, etc.)
destacando, quizá, A.
F. Brandt
,
evolucionista ruso anti-darwinista que defendía la simbiosis como
único mecanismo capaz de explicar el surgimiento de “novedad
biológica” (postuló sus principales tesis en Simbiosis
y Ayuda Mutua

de 1896), y que sería uno de los 3 “magníficos” de la “Escuela
Rusa de la Simbiogénesis” que inspiraría a Lynn
Margulis

para idear la “Teoría Endosimbiótica”. Kessler inició sus
estudios zoológicos adentrándose en la ornitología, mediante una
monografía y el estudio del esqueleto de pájaros carpinteros,
posteriormente se aventuró en el mundo de la malacología y la
entomología porque cayó en sus manos la inmensa colección que
había atesorado la malograda Academia médico-quirúrjica de
Vilensk, y llegando al culmen de su carrera con la ictiología y la
mastozoología (estudio de peces y mamíferos), sin dejar nunca de
lado la ornitología (por ejemplo, siendo pionero en el
establecimiento de redes de observadores para mapear geográficamente
las migraciones, iniciándose así también en los estudios de
biogeografía).


Fue
a partir de los años 1870 cuando Kessler comenzó a cuestionarse la
importancia relativa de la lucha por la supervivencia en la
evolución. Desde luego ninguno de estos zoólogos rusos tenía una
visión benigna e ingenua de la naturaleza. El propio Keesler
escribió pasajes que recuerdan bastante a los escritos por Huxley
(“los fuertes persiguen los débiles, los grandes devoran a los pequeños,
que no perdonarán, incluso sus propios hijos
”,
dicho en 1863), simplemente cuestionaba la importancia de esta lucha
frente a otros mecanismos presentes en la naturaleza. En plenos
estudios sobre los peces del Mar de Aral y del Mar Caspio, Kessler
empezó a elaborar sus propias ideas evolucionistas para explicar las
numerosas especies de peces presentes. Sugirió que:

causas
internas desconocidas condicionan las diferencias entre individuos.
Acumuladas por la fuerza de la herencia y consolidadas por causas
externas, por las condiciones externas de la vida del animal. De esta
manera, se forman inicialmente variedades de las especies existentes
y, a continuación, nuevas especies se producen a partir de estas
variedades

(1877).

O
lo que es lo mismo, una acción directa del medio ambiente sobre las
especies, que se combina con el aislamiento geográfico, para
producir nuevas formas. Kessler ponía mucho énfasis en el
aislamiento geográfico como ejemplo de influencia del ambiente sobre
la evolución de los seres vivos. En 1879 pronunció la conferencia
por la cual se le recordaría con más intensidad “Sobre
la ley de la ayuda mutua
”.
Las ideas aquí recogidas se basaban en que todos los organismos
tienen 2 necesidades básicas: la alimentación, que lleva a la
competición entre grupos por el acceso a recursos limitados, y la
procreación, que lleva a la cooperación intraespecífica y a la
ayuda mutua. El aislamiento geográfico llevaba a que la cooperación
intraespecífica para la procreación sería la principal fuerza
evolutiva.

¿Por
qué Kessler, al igual que Kropotkin y la mayoría de evolucionistas
rusos tenían en la cabeza la “ley de ayuda mutua”? Precisamente
porque las observación empírica en un mundo deshabitado, pobre en
recursos y azotado por climas adversos, llevan inexorablemente a la
conclusión de que las especies están asiladas geográficamente. Es
lo que algunos autores han llamado “argumento geográfico
determinista”, como Douglas
R. Weiner
,
contraponiéndose a el un “argumento demográfico determinista” o
malthusiano. En resumen, y en palabras de Kessler:

No
rechazo la lucha por la existencia, sólo afirmo que el desarrollo
progresivo, tanto de todo el reino animal y, sobre todo, de la
humanidad no es facilitado por la lucha mutua tanto como por la ayuda
mutua
”.

¿Por
qué Kessler es un titán en la sombra? Las ideas de Kessler
prendieron en Kropotkin,
en A.
F. Brandt
,
en Konstantin
Merezhkousky

y en  Kozo-Polyansky,
entre otros. Hoy en día la existencia de la simbiosis como mecanismo
evolutivo es un hecho. Se sigue debatiendo sobre la importancia de la
misma, lo que parece claro es que aquellos que abren la pluralidad de
ideas en construcciones teóricas monolíticas tienden a ser
olvidados y no debemos permitirlo. Los que iniciaron el proceso de debate son titanes.

BIBLIOGRAFÍA

  • Gould, S. J. (2002). La estructura de
    la teoría de la evolución
    . Tusquets.
  • Gould, S. J. (1993).
    Brontosaurus” y la nalga del ministro: reflexiones sobre
    historia natural
    . Crítica.
  • López-Ortiz, G. (2005). Lucha y altruismo en la naturaleza: la
    controversia Huxley-Kropotkin. Encuentros en la Biología,
    (106), 1. [de aquí se ha extraído la información sobre el debate
    entre Kropotkin y Huxley].
  • Todes, D. P. (1989). Darwin Without Malthus the Struggle forExistence in Russian Evolutionary Thought, [de donde se ha extraído
    el aspecto biográfico, las citas y las consecuencias ideológicas de
    la vida de Kessler].