Desde que el que el ser humano fue ser humano, ha existido una dicotomía muy marcada en la forma en la que las personas recuerdan hechos, vivencias o lugares. Por un lado, introspectivamente, todos recordamos el pasado con más o menos vivacidad y exactitud; recordamos un bosque que hemos visitado o una ciudad en la que hemos vivido, pero, además de ello, somos capaces de recordar cosas que no están dentro nuestro y que, mediante un “soporte externo a la memoria”, somos capaces de recuperar y de recordar: las fotografías, los libros, las leyendas y las expresiones populares de cultura sirven como una especie de almacén externo de información que sigue sus propias reglas y que evoluciona según sus propias reglas. ¿Puede un organismo cualquiera tener este “soporte externo a la memoria? Muy razonablemente podríamos pensar que, para ello, tendría … Leer más