
Fotografía de Merezhkovski
Martin
Wright, un
historiador y filosofo especializado en la historia de la ideología,
distinguía tres sistemas de pensamiento en base a la
naturaleza humana (1): los realistas, que pensarían que la
naturaleza del ser humano es destructiva, egoísta, narcisista y
competitiva y que ésta no sería en ningún modo reformable o
reeducable, los racionalistas que, al igual que los realistas,
pensarían en que la naturaleza del ser humano no es buena pero, en
cambio, ésta podría cambiarse mediante la educación para llegar a
los propósitos de convivencia social deseados y, por último, los
revolucionaros, partidarios de la educación del ser humano
para alcanzar la convivencia social; para algunos la naturaleza del
ser humano es contraria a los postulados de los realistas; otros
coincidirían con los realistas y los racionalistas. Hoy veremos cómo
las fronteras entre los tres esquemas de Wright se desmoronan cuando
tratamos de explicar comportamientos individuales. Hoy vamos a hablar
de un personaje sórdido a la vez que imaginativo; desalmado a la vez
que creador.
Konstantín Sergéyevich Merezhkovski nació
en Varsovia en 1855. La ciudad, que estaba entonces bajo la soberanía
del Imperio Ruso, era un buen caldo de cultivo para la, por entonces,
incipiente burguesía del Imperio. Como parte de la clase dominante,
el padre de Merezhkoski, pudo formar parte desde muy temprano del
funcionariado que administraba la corte del Zar, llegando a ser una
prominente figura de este cuerpo de funcionarios. A la edad de 20
años, ingresó en la Universidad de San Peterburgo. Un institución
que le permitió saciar su temprana curiosidad por los invertebrados
marinos, financiándole un viaje al Mar Blanco y donde descubrió un
género de hidroozos. 5 años después de haber entrado en la
universidad, y con su título bajo el brazo, Merezhkovski emprendió
un viaje por Europa en busca de nuevas amistades y nuevos
conocimientos: visitó a naturalistas en Francia y Alemania, y se
centró durante unos años en la antropología y la fisiología
animal llegando a publicar algunos trabajos sobre pigmentación
animal. Con esta experiencia, no le costó nada hacerse con un puesto
de profesor en la Universidad de San Peterburgo tan solo 3 años
después de haber obtenido su título (1883).
Y en 1886 es expulsado del Imperio ruso. Las
referencias al respecto son confusas y no parece haber demasiadas
pruebas del por qué, pero J. Sapp y colaboradores (2) en el año
2002 publicaron una revisión de la vida de este autor donde
sostienen la hipótesis de que fue expulsado por escándalo sexual:
concretamente fue acusado de pedofilia cometida esta en los primeros
años de universidad. Esto lo llevó a exiliarse en la periferia del
Imperio ruso, en Crimea, durante 2 años, y en 1898, dejando esposa e
hijo en esta región, emigró en solitario a EE.UU para trabajar en
la Universidad de Berkeley (California) centrado en clasificar sus
extensas colecciones de diatomeas del Mar Negro obtenidas durante
estos 2 años que había estado en Crimea. 4 años pasó en la
Universidad de Berkeley, de 1898 a 1902 y, posteriormente, pensando
que su nombre ya estaría limpio, regresó al Imperio ruso para
incorporarse a la Universidad de Kazán. Allí fue donde elaboró sus
trabajos más famosos sobre “Simbiogénesis”, su mecanismos
predilecto de generación “de novo” de especies. Pese a que
esta no era una idea nueva, fue el primero de hacer plausible y
coherente el mecanismo de la simbiogénesis. En 1905 escribió su
obra más importante: “Sobre la naturaleza y origen de
cromatóforos en el reino vegetal” que, por otra parte, fue
ampliamente ignorada y, cuando fue reconocida, fue para
ridiculizarla.
La biografía de Merezhkovski parece escrita por
de el más sórdido de los escritores de novela negra actuales.
Prosiguiendo su propia “novela negra”, doce años tras la
vuelta a su patria natal (1914), fue acusado de haber violado nada
menos que a 26 mujeres (desde que volvió en 1902 hasta 1914),
inclyendo algunas menores de edad (2). Este tipo de comportamientos
desviados no podían causar otra cosa que la destrucción de la
persona que los padece. Física y mentalmente deteriorado por su
criminal forma de vida, volvió a huir de la irremediable pena de
cárcel, yéndose en primera instancia a Francia, donde pasó la
Primera Guerra Mundial y, en un segundo momento, ya en 1918, se mudó
a Ginebra. Allí pasaría sus últimos días, padeciendo depresión,
empobreciéndose y, en última instancia, suicidándose con un gas
asfixiante de fabricación propia. No solamente fue un hombre capaz
de lo mejor y de lo peor en sus actos, sino que tenía ideas extremas
sobre cómo debía guiarse la humanidad (elaboró modelos de sociedad
ideal donde ésta se guiaría por principios científicos,
garantizando la perfección de la raza humana a través de la
selección artificial de la misma. Ideas que, por otra parte, no
desentonaban en absoluto en la Europa de la Primera Guerra Mundial),
un antisemitismo radical (proponía la castración de todos los
judíos).
Es difícil describir en pocas palabras la vida
de esta persona de extremos pero, precisamente esos extremos,
podríamos tomarlos como representantes de su vida: lo mejor y lo más
deleznable del ser humano concentrados en una sola persona
Una vez leída su historia vital y comprendidas
su ideología, dificultosamente uno puede pensar que defendiera la
hipótesis de la “simbiogénesis” como mecanismos
generador de especies, y no abrazara la mucho más coherente con su
ideología malthusiana “supervivencia de los más aptos a
través de la selección natural” pero, los ejes que toma
cada ser humano en la elaboración de sus pensamientos son tan
variados como ser humanos pensantes existan. Aún así, el hecho de
repudiar la selección natural encaja bastante bien (aunque su
visión, como su vida, era muy extrema en comparación) con la
“Escuela Rusa de la Evolución”.
Ya tenemos a otro representante de la Escuela
Rusa. Hemos hablado de Kessler (3) y hablaremos mucho más de
esta magnífica generación (en cuanto a sus logros) de científicos
rusos olvidados en la actualidad.
REFERENCIAS
- Wight, M. (1991). International Theory (pp. 7-24).
citado por Paloma García Picazo en Teoría Breve de las
Relaciones Internacionales, 4ª
Ed., pág. 60-63. - Sapp, J., Carrapiço,
F., & Zolotonosov, M. (2002). Symbiogenesis: the hidden face of
Constantin Merezhkowsky. History and philosophy of the life
sciences, 413-440. - La Quimera de Gupta (Abril,
2015). Titanes en la sombra: Kessler y la ley de la ayuda
mutua – http://tmblr.co/Z9NI9l1hLENL8


