Ya hemos hablado de la importancia de los formícidos y los
isópteros en lo que respecta a su capacidad de generar nuevo suelo y
de removerlo, airearlo y proporcionar nuevos nutrientes al mismo (1).
Pero, otro prisma bajo el cual ver la importancia de estos
invertebrados en el mantenimiento de una correcta estructura del
suelo, con lo que eso conlleva para la producción agrícola, es ver
cómo son afectadas este grupo de especies por la actividad agrícola.
En concreto, Patricia J. Folgarait
ha recolectado los estudios disponibles hasta 1998 sobre el tema y,
en concreto, se ha propuesto ver con este metaanálisis cómo
reacciona la biodiversidad de hormigas ante distintas perturbaciones
y, para ver hasta que punto es el ser humano el que está
influenciando en la ganancia o pérdida de biodiversidad, ha separado
las perturbaciones en “naturales” y en “antropológicas” (2).
Según Folgarait,
en general, las prácticas agrícolas, incluyéndose
aquí el uso de pesticidas,
como el pastoreo intensivo, la fertilización, el riego, la siega y/o
la labranza convencional y la resiembra, reducen, en algunos casos de
forma notable, la biodiversidad yo la biomasa de formícidos
presentes en la zona, así como hacen disminuir la densidad de
colonias que se establecen en un determinado ecosistema agrícola.
Sin
embargo, pese a ser sensibles a estas perturbaciones, parecen
tolerarlas ya que, o bien tienen un límite de reducción de la
población (es decir, se ven afectadas hasta un tamaño poblacional a
partir del cual la perturbación no consigue menguar ese número,
pero se mantienen en el
tiempo sin una recuperación aparente, aunque cese la perturbación),
o bien se recuperan tras el cese de la perturbación
y vuelven a conquistar los terrenos perdidos, estableciendo nuevas
colonias en relativamente poco tiempo.
Parece ser que las comunidades
más sensibles a estas perturbaciones son aquellas que viven, de
alguna forma, del suelo (es decir, toman algún recurso de él, lo
usan como refugio, etc.). Estas son las que más biodiversidad
pierden, mientras que las más dependientes del estrato arbóreo o
arbustivo, no sufren tanto. También hubo casos donde la
biodiversidad de formícidos se vió incrementada gracias a la
existencia de una perturbación, a saber: I) en el uso tradicional de
la tierra para el cultivo y el pasto (de bajo impacto), como puede
verse en los trabajos recogidos por Folgarait que
realizaron Levelle y
Pasawasi en 1989 (3),
y II) cuando existen bajas cargas de ganado (2).
Otra variable que intenta
calibrar Folgarait es
la “sustitución de especies”, es decir, no solo hay que ver si
la biodiversidad aumenta o disminuye, o ver si las poblaciones de
esas especies aumentan o disminuyen, si no ver qué especies están
conformando el ecosistema agrario. A este respecto, parece ser que ,
cuando se inicia la perturbación se observa un cambio brusco que va,
desde especies crípticas y especializadas (las que estaban en el
medio) , a una fauna de formícidos compuesta por especies de climas
más benignos y oportunistas (las que entran). Es un cambio típico
de especies especialistas en la K por especies especialistas en la r;
en otras palabras: especies de crecimiento lento versus
especies
de crecimiento rápido. De hecho, algunos de los trabajos recogidos
por Folgarait (2)
muestran cómo la riqueza de especies se redujo, pero la abundancia
general de formícidos aumentó debido a la gran dominancia de
especies de crecimiento rápido.
En
los casos en los que la perturbación era un incendio, la
biodiversidad de hormigas medida como número de especies se
incrementó transcurridos pocos meses del suceso, es decir, el número
de especies tras el incendio, superaba al número previo al incendio.
Probablemente, esto se estabilizará a los pocos años del suceso.
Además,
Folgarait ha
visto como, algunas intervenciones humanas no-agrícolas, como la
construcción
de carreteras, el desmonte, la minería, la urbanización, etc.,
producen los descensos más acusados y duraderos de la biodiversidad,
siendo el desmonte para la agricultura y el pastoreo intensivo
las 2 prácticas
que más daño hacen.
Para
ver esto de forma más concreta, vamos a mostrar aquí el trabajo que
se realizó entre 1995 y 1997 en el
bosque de los Apalaches y que buscaba ver los efectos del tratamiento
con plaguicidas microbiológicos, a saber Bacillus
thuringiensis
(producen una serie de cristales proteicos con una potente actividad
neurotóxica), en las zonas de cultivo aledañas al parque nacional
que alberga este bosque. En otras palabras, Changu
Wang y
colaboradores han intentado observar los efectos “no-target”
o no dirigidos contra la plaga diana de este tipo de tratamientos
fitosanitarios (4). La conclusión que extrajeron es clara: la
aplicación de Bacillus
thurigiensis en
los valles y zonas de cultivo afecta claramente a las poblaciones de
hormigas del parque nacional del bosque de los Apalaches. Observaron
como, año a año, las poblaciones de hormigas disminuían (ver
figura 1) tanto en número, como en biodiversidad.

Figura
1. Se muestra el logaritmo de la densidad poblacional para cada
especie, ordenadas de mayor a menor densidad (la sp. 1 es la que
mayor densidad tenía en 1995 y la sp. 33 la que menos). Se observa
como, sistemáticamente, todas las especies reducen su densidad
poblacional.
Con estos datos, y
los ya analizados en otros posts (1), vemos cómo la actividad
agrícola y la aplicación de plaguicidas que la misma conlleva,
pueden llevar a la disminución de la biodiversidad y a la caída de
la biomasa de la edafofauna presente en el ecosistema agrícola.
Esto, en suelos ricos y bien estructurados, puede no representar un
problema (al menos, a corto plazo) pero en ecosistemas agrícolas
donde el suelo es pobre y depende mucho de la aportación de materia
orgánica y micronutrientes que las actividades externas, como las
que realiza la edafofauna, puedan realizar, realmente una agricultura
intensiva y/o convencional puede llevar al suelo a agotarse y no
volver a ser útil en mucho tiempo. Tampoco deberíamos dejar de
atender a los agroecosistemas bien estructurados porque, pese a ser
más estables, la agricultura poco a poco va erosionando la calidad
del suelo y puede llegarse al límite a partir del cual afectar la
actividad de la edafofauna sea una cuestión de vida o muerte.
REFERENCIAS
- La Quimera de Gupta –
http://laquimeradegupta.tumblr.com/post/145953400655/qué-papel-juega-la-edafofauna-en-la-renovación - Folgarait, P. J. (1998). Ant biodiversity and its relationship to
ecosystem functioning: a review. Biodiversity & Conservation,
7(9), 1221-1244. - Lavelle, P., & Pashanasi, B. (1989). Soil macrofauna and land
management in Peruvian Amazonia (Yurimaguas, Loreto). Pedobiologia,
33(5), 283-291. -
Wang, C., Strazanac, J., & Butler, L. (2000). Abundance,
diversity, and activity of ants (Hymenoptera: Formicidae) in
oak-dominated mixed Appalachian forests treated with microbial
pesticides. Environmental entomology, 29(3), 579-586.


