¿QUÉ PAPEL JUEGA LA EDAFOFAUNA EN LA RENOVACIÓN DEL SUELO?: El efecto de los plaguicidas en el caso de las lombrices de tierra (III)

regular | Fecha de publicación: 28 julio, 2016

Después
de haber visto cómo los himenópteros sociales (nos referimos, sobre
todo, a las hormigas) y los isópteros (o termitas) pueden contribuir
a la formación de suelo nuevo y de ver cómo son afectados por las
prácticas agrícolas (1-2), nos toca ver en este post al más
importante de los elementos de la edafofauna en cuanto a milímetros
de suelo movidos y creados al año: las lombrices de tierra o
anélidos oligoquetos terrestres. Par ello vamos a tomar la reciente
revisión del asunto realizada por Céline Pelosi et al. en
2014 (3) y de la cual podemos extraer 5 ideas fuerza que vamos a
desarrollar a continuación.

La primera idea es que los plaguicidas más
antiguos son, por regla general, más dañinos que los nuevos, dada
su menor especificidad, pero se han estudiado mucho menos los efectos
de los más nuevos. De las 400 substancias permitidas en Europa para
su uso en los campos de cultivo, a fecha de la revisión, solo habían
estudios sobre 97 substancias y, muchas de ellas, han sido estudiadas
de forma muy limitada.

La segunda idea-fueza es importante. Céline
Pelosi
y
sus colaboradores piensan que, para un análisis
integrativo de los efectos de los plaguicidas, sobre los anélidos
poliquetos en particular, y sobre la edafofauna y la fauna en
general, es conveniente adoptar el punto de vista multinivel: 1) El
nivel subindividual, por ejemplo, estudiando los Efectos No Letales o
NOEC, que afectan a la reproducción y el crecimiento somático, 2)
El nivel individual y viendo directamente ese crecimiento y esa
reproducción afectadas, y 3) El nivel de comunidad: ¿Cómo afecta
el plaguicida sobre la diversidad y la estructura de la comunidad?
Este punto lo hemos visto ya anteriormente en otro post (2)
con las hormigas, por ejemplo. Hemos visto que las prácticas
agrícolas convencionales disminuyen de forma importante la
diversidad de la comunidad de formícidos, mientras
que las prácticas agrícolas ecológicas y tradicionales, no lo
hacen tanto.

La tercera idea
importante habla sobre una cuestión muy concreta: los
biomarcadores. Los
biomarcadores moleculares
(biomarcadores por debajo del nivel del individuo), como los cambios
en la actividad enzimática “deben ser considerados como
indicadores tempranos de la exposición
[a
plaguicidas] que no revelan efectos a largo plazo”.
Esto es importante por 2 razones: si estudiamos la actividad de un
enzima, por ejemplo, la Acetilcolinesterasa en anélidos,
veremos que para ciertos plaguicidas, como los organofosforados o los
clorpirifos, sus niveles se ven seriamente afectados (con los
trastornos metabólicos y de movimiento que eso conlleva. Hay que
recordar que la Acetilcolinesterasa o AchE es un enzima que degrada
la Acetilcolina, el principal neurotransmisor responsable del
movimiento muscular voluntario, entre otra cosas). Sin embargo, la
situación contraria, es decir que un determinado plaguicida no
incida sobre los niveles de AchE no implica que, a largo plazo, pueda
afectar la función muscular de los poliquetos
(digo función muscular porque estamos hablando de la AchE, pero
podríamos pensar en un biomarcador hormonal relacionado con la
producción de crías y que, pese a no ser afectado en el corto plazo
por el plaguicida, este plaguicida si incida, a largo plazo, sobre la
tasa de fecundidad del oligoqueto
a través de otras vías).

Una cuarta
idea-fuerza es importante desde el punto de vista de toda una
disciplina: la ecotoxicología: hay
que dejar de medir la toxicidad de una determinada unicamente por la
vía de la LC50,
o concentración de una determinada substancia que causa una
mortalidad del 50%, (Fig. 1)
y comenzar a introducir otros indicadores mucho más finos a la hora
de detectar que una sustancia está teniendo efectos, o no. La LC50
es un indicador a tener en cuenta, pero debemos asimilarlo, o
considerarlo, sinónimo de “toxicidad aguda” de un determinado
compuesto. La “toxicidad crónica” es más correctamente captada
si nos fijamos en los marcadores a nivel de individuo: disminución
del crecimiento somático, del número de huevos puestos por las
hembras, del número de huevos viables, del número de crías nacidas
en relación el número de huevos puestos, etc. Es lo que se ha
venido a llamar, y ya lo hemos dicho antes, Efectos No
letales
o NOEC (por sus siglas
en inglés).

Figura 1. Se muestra un
ejemplo teórico de cálculo de LC50.
La concentración a la que se produce una mortalidad del 50% a las
24h de la exposición a la sustancia es considerada como la medición
estándar de la LC50.

Y la quinta, y
última idea-fuerza, es que las
lombrices tienen un importante papel ecológico en la formación y
mantenimiento del suelo a través de la formación de sus
“madrigueras” o los tubos por los que se desplazan, que
proporciona aireación al suelo, y sus fecal pelets,
que constituyen de forma mayoritaria el humus
o “flor” del suelo y que son, en su mayor parte, materia orgánica
y oligonutrientes. Para ver cómo los plaguicidas influyen sobre
las comunidades de anélidos terrestres, Céline
Pelosi
y
sus colaboradores (3) hicieron un metaestudio de 9 publicaciones que
estudiaban el efecto del cultivo orgánico
(los autores hacen hincapié en lo falaz que es usar el término
orgánico en este metaestudio porque se mezclan estudios que realizan
agricultura orgánica en sentido estricto con otros que lo que
analizan es la diferencia entre la agricultura integrada, que es
diferente o, incluso, una agricultura de “bajo uso de
insecticidas”) frente al cultivo convencional.
Sería más conveniente hablar de un eje de baja/alta intensidad de
uso de plaguicidas y una comparativa de los efectos de seguir
estrategias situadas en los extremos del eje. Celine
Pelosi
y
el resto de investigadores centraron el análisis en 4 variables: 1)
Biomasa total de oligoquetos, 2) Tamaño medio de los oligoquetos, 3)
Densidad poblacional de oligoquetos y 4) Tipo de cultivo bajo el que
se asienta la comunidad de oligoquetos.

La
biomasa total, así como la densidad poblacional, se vieron afectados
por el tipo de agricultura que se realizaba, es decir, por la
cantidad de plaguicidas que se echaban al suelo (Fig. 2). Tanto la
biomasa, como la densidad poblacional, eran mayores en los cultivos
tradicionales, integrados y orgánicos (casi  un 40% más en el caso
de la biomasa y un 20% en el caso de la densidad poblacional). El
tipo de cultivo apenas influía, salvo en los cereales donde si se
observa un efecto en aquel de tipo cerealista (Fig. 3).

Figura 2. Diferencias
entre la biomasa y la densidad de oligoquetos medidas en campos con
cultivos tradicionales, integrados y orgánicos vs. campos
con cultivos convencionales.

Figura 3. Diferencias con respecto a la biomasa en campos
con cultivos tradicionales, integrados y orgánicos vs.
c
ampos con cultivos
convencionales. Se ha separado por tipo de cultivo y solo se observa
un efecto en favor del cereal orgánico, tradicional o integrado (un
50% más de biomasa). La no significancia en el resto de cultivos
puede deberse a las bajas réplicas.

REFERENCIAS

  1. ¿Qué papel juega la edafofauna en la renovación del suelo?: El
    efecto de los plaguicidas (I),
    La Quimera de Gupta, 15 de junio del 2016
  2. ¿Qué papel juega la edafofauna en la renovación del suelo?: El
    efecto de los plaguicidas (II),
    La Quimera de Gupta, 18 de julio del 2016
  3. Pelosi, C., Barot, S., Capowiez, Y., Hedde, M., &
    Vandenbulcke, F. (2014). Pesticides and earthworms. A review.
    Agronomy for Sustainable Development, 34(1), 199-228.