
Tomada de Butchart et al. (6)
Como hemos explicado en otros post (1), la biodiversidad mundial está cayendo estrepitosamente (Fig. 1). Fundamentalmente contiene cuatro (o tres) niveles a considerar y, los
cuatro niveles, se interrelacionan. Normalmente, una biodiversidad
geográfica, o biodiversidad Г,
elevada,
producto de una riqueza ecosistémica elevada, producirá una elevada
biodiversidad en número de especies,
o biodiversidad
α
a
nivel de una región. Lo mismo ocurrirá a nivel local con una
elevada diversidad de ambientes, o biodiversidad
β,
que
el número de especies será más elevado en las localidades con
mayor biodiversidad del nivel superior. No tiene porqué ocurrir lo
mismo con la biodiversidad genética porque entran en juego otros
factores, y lo mismo puede ocurrir, aunque en menor medida, con las
relaciones antes comentadas. Por ejemplo, una elevada diversidad
local de ambientes puede provocar que sean las especies más
generalistas, las más flexibles en su estrategia adaptativa, las que
se encuentren cómodas en esa localidad y sean demasiado mayoritarias
como para permitir la existencia de otras especies más “sibaritas”.
Una
de las actividades humanas que más modifica los ambientes y, por
tanto según lo que hemos visto, una de las actividades que
potencialmente puede afectar más a la biodiversidad, es la
agricultura. Los dos efectos más importantes que tiene la
agricultura sobre el habitad son la fragmentación del habitad
y, por tanto, la creación de barreras para la libre distribución de
las especies dentro de una localidad, y la creación de
“monocultivos” que simplifican drásticamente las relaciones
entre las especies. El nivel de afectación de la agricultura es
básicamente la biodiversidad
β,
pero
en algunos casos se puede llegar a modificar la Biodiversidad
Г
y,
por descontado, por los mecanismos comentados, se verán afectadas la
biodiversidad
genética y
la
biodiversidad α.
Veamos
algunos ejemplos de cómo afrontar el problema de la reducción de la
biodiversidad desde
diferentes formas de concebir la
agricultura:
Maj
Rundlöf
y H.
G. Smith
en
2006
estudiaron
cómo se comportaba la biodiversidad
α
de
mariposas y
la biodiversidad
β
en
cultivos
agrícolas convencionales y en cultivos orgánicos. La biodiversidad
β
se
midió en función de la homogeneidad-heterogeneidad espacial y la
biodiversidad α
de
mariposas en función del número de especies. Pudieron comprobar que
en los cultivos orgánicos la heterogeneidad espacial era mayor
(había una mayor alternancia de hábitats) y que el número de
especies de mariposas era superior en los cultivos orgánicos. Lo que
también pudieron comprobar es que, lo que realmente añade
biodiversidad
α
a
una localidad, no es tanto el cultivo orgánico, sino la
heterogeneidad espacial. Esto es de sobra conocido en los pueblos de
la península ibérica que están rodeados de la estepa castellana:
las zonas que conservan la forma tradicional de cultivo (no
extensiva) presentan una mayor biodiversidad (por ejemplo, de aves)
que aquellos que han realizado una concentración parcelaria y se
dedican al cultivo extensivo. Rundlöf
y
Smith
no
niegan que el cultivo orgánico incremente la biodiversidad, pero su
importante, al menos en el caso de los lepidópteros, parece pequeña
(2).
Yann
Clough,
Andras
Kruess
y Teja
Tscharntke
en 2007 estudiaron qué efecto tenía el tipo de agricultura con la
biodiversidad de escarabajos estafilínidos. Concretamente
lo hicieron sobre un total de 42 campos de cultivo de trigo de
invierno.
Estos escarabajos están perfectamente divididos entre especies
depredadoras, que ejercen en muchas ocasiones el papel de
depredadores naturales en los cultivos, en especies detritívoras,
que contribuyen a incrementar la materia orgánica presente en el
suelo, y
en especies fungívoras, que depredan sobre hongos, tanto
micorríticos, como de vida libre. Obtuvieron
unos curiosos resultados porque los estafilínidos depredadores
abundaron más en los campos de agricultura convencional, mientras
que los estafilínidos detritívoros eran más abundantes en los
campos de cultivo orgánico (no observaron diferencias significativas
en los fungívoros). Pero
lo realmente interesante vuelve a ser la siguiente observación: “se
capturaron más especies en los bordes de los campos que en el
centro” (3).
Es decir, volvemos a ver la importancia de la heterogeneidad espacial
y el efecto borde. Cuanto más borde de campo, mayor es la
biodiversidad.
Judith Girard, Pierre Mineau,
y Lenore Fahrig en 2014 intentaron ver hasta qué punto era
importante el cultivo orgánico en el incremento de la biodiversidad
α
sin
que medie un incremento de la biodiversidad
β.
En
otras palabras ¿Es el efecto borde el responsable de que la
agricultura orgánica presente, sistemáticamente, mayor número de
especies? Para resolver el problema estudiaron las aves camperas (de
estepa) en 9 campos de soja de cultivo orgánico y 9 campos de
cultivo convencional en Ontario (EE.UU). Es
sabido que la mayor parte de las aves (incluidas las camperas)
alimentan a sus crías con multitud de invertebrados. Si la biomasa
de invertebrados disponible disminuye, la eficacia biológica de las
aves camperas disminuirá provocando extinciones locales o que,
simplemente, mediante algún mecanismo, los progenitores no
consideren adecuada la zona por escasez de recursos energéticos. El
estudio comprobó que la biomasa disponible de invertebrados era
entre un 35% y un 43% mayor en los campos de cultivo orgánico. Los
campos estudiados tenían un “borde” similar, es decir, el efecto
borde que añade heterogeneidad espacial (Biodiversidad
β)
no estaría interviniendo en este caso (4).
Por último, según un meta-análisis que compara
el cultivo convencional y el cultivo agrícola desde
el punto de vista de la biodiversidad y el impacto medioambiental,
realizado por Mondelaers,
Aertsens
y Huylenbroeck
en
el 2009:
“los
suelos en sistemas agrícolas orgánicos tienen, en promedio, un
mayor contenido de materia orgánica. La
agricultura ecológica contribuye positivamente a la
agrobiodiversidad (razas utilizadas por los agricultores) y la
biodiversidad natural (vida silvestre)” (5).
En
otras palabras, los trabajos anteriormente citados (2–5)
parecen ser llevarnos
hacia una conclusión de tipo general:
el cultivo orgánico incrementa la biodiversidad. Es un hecho
empíricamente demostrado. También es un hecho que el “efecto
borde” es la variable más importante. Por tanto ¿Qué debemos
hacer si lo que queremos es tener medios agrícolas
más biodiversos? Tenemos 2 vías posibles y
generales:
I)
realizar un cultivo convencional que incremente las lindes entre los
campos (que incluyan malezas, muros de piedra y algunos árboles), o
II)
realizar un cultivo orgánico/tradicional que conserve las lindes en
perfecto estado y reduzca la aplicación de herramientas de
producción agrícola que bajan la producción primaria y secundaria
destinada al consumo del ecosistema.
REFERENCIAS
- ¿Qué entendemos por biodiversidad? Un
concepto multinivel (I). La
Quimera de Gupta, 4 de octubre de 2016. - Rundlöf, M., & Smith, H. G. (2006). The
effect of organic farming on butterfly diversity depends on
landscape context. Journal of applied ecology, 43(6),
1121-1127. - Clough, Y., Kruess, A., & Tscharntke, T. (2007).
Organic
versus conventional arable farming systems: functional grouping
helps understand staphylinid response. Agriculture,
ecosystems & environment, 118(1), 285-290. - Girard, J., Mineau, P., & Fahrig, L. (2014). Higher
nestling food biomass in organic than conventional soybean fields
in eastern Ontario, Canada. Agriculture, Ecosystems &
Environment, 189, 199-205. - Mondelaers, K., Aertsens, J., & Van Huylenbroeck, G.
(2009). A
meta-analysis of the differences in environmental impacts between
organic and conventional farming. British food journal,
111(10), 1098-1119. - Butchart, S.
H., Walpole, M., Collen, B., Van Strien, A., Scharlemann, J. P.,
Almond, R. E., … & Carpenter, K. E. (2010). Global
biodiversity: indicators of recent declines. Science,
328(5982), 1164-1168.


