Ernst Mayr decía que las leyes en
biología son estadísticas (1). Aún así hay algunos patrones
parecen cumplirse casi como si se tratasen de leyes físicas, por
ejemplo, el consumo de energía que tiene que hacer un determinado
individuo para fabricar sus estructuras corporales estará
directamente relacionado con la cantidad de energía, en forma de
alimento, que haya en su medio (y de las adaptaciones que presente
para poderla aprovechar). Un organismo en un medio pobre en recursos
jamás podrá permitirse un metabolismo tan activo como uno que viva
en un medio rico (lo cual no valida la premisa inversa, a saber, que
los organismos que habitan medios ricos tengan metabolismos activos).
En relación con esto, se ha observado que existe un trade off, o
equilibrio, entre dos consumos que tiene que hacer un organismo: I)
el consumo en el mantenimiento de las estructuras del organismo (que
la epidermis tenga la estructura adecuada, el número de células
correcto, que los sistemas funcionen correctamente, la locomoción,
la captura de presas, etc.) y II) el consumo en la producción de
gametos,
es decir, el consumo en la descendencia potencial del organismo.
En la naturaleza,
simplificando, podemos observar dos grandes estrategias: la
estrategia, vamos a llamarla “cuerpocéntrica”, basada en un
mantenimiento corporal óptimo constante (son organismos que tienden
a tener largos periodos vitales, gran tamaño, etc.), y que tienen
normalmente una baja producción de gametos, fecundación interna con
complejos sistemas de reproducción, etc., y la estrategia
“gonadocéntrica”, basada en la producción masiva de gametos y,
por lo general, cuerpos pequeños, sencillos, cortos periodos de vida
y de reproducción, etc. Para
que hacernos una idea de lo importante de esta distinción, Teri
J. Orr y Patricia
L.R. Brennan, en un
artículo reciente, han estudiado la evolución de la fecundación
interna en todos los animales, y aseguran que “los
espermatozoides de los animales con fecundación interna sobreviven y
se almacenan durante períodos de tiempo variables antes del
apareamiento dentro del macho o después del apareamiento dentro de
la hembra, afectando las historias de vida, la evolución del sistema
de apareamiento y la selección sexual incluyendo la elección
críptica femenina, la competencia espermática y el conflicto
sexual”
(2).
Hay
una cosa curiosa que ocurre en biología (ocurre en la vida, en
general, porque el ser humano parece contener cierto “software”
cerebral que le hace propenso a este tipo de generalizaciones, como
ya advertía Stephen
Jay Gould),
y no es otra que la generalización sin pruebas. Cuando un fenómeno
parece repetirse en un determinado grupo, tendemos a pensar que ese
grupo actúa así (una especie de cosificación del grupo sobre esta
característica). Por ejemplo, la mayor parte de los Cnidarios
(corales, medusas, tomates de mar, anémonas,
son ejemplos de este tipo de animales) se reproduce siguiendo una
estrategia “gonadocéntrica”. Todos tenemos imágenes
en nuestra memoria de algún documental donde, literalmente, millones
de gametos son arrojados al mar, coincidiendo con la máxima
intensidad de la luz lunar, con la esperanza que, algunos de ellos,
se fusionen dando lugar a un zigoto y, posteriormente, a una larva
que complete el ciclo vital. Un apunte: la sincronización lunar es
debida a criptocromos y el mecanismo molecular concreto que está
detrás de esta afinada sincronización lunar está, todavía, siendo
dilucidado, pero a falta de magros resultados, bueno es el dulce
tocino que nos ofrecen
Guest
y
sus colaboradores (3):
“Los
corales son capaces de detectar la parte azul de la irradiancia
lunar, pero carecen de órganos especializados de detección de la
luz y los mecanismos moleculares involucrados en su
detección
aún no se entienden. Los criptocromos son proteínas fotorreceptoras
que se han encontrado para desempeñar papeles variados (…).
Los
criptocromos también están presentes en uno de los más tempranos
phylum
multicelulares, los Cniadrios.
Todavía no está claro cuál es el papel que desempeñan los
criptocromos en la sincronización de desove en los corales; Sin
embargo, en experimentos con “Acrophora
millepora”, los genes cry1 y cry2 de los criptocromos se expresaron
preferentemente en la luz y la expresión cry2 aumentó durante las
noches de luna llena en comparación con las noches de luna nueva,
sugiriendo un papel potencial en la regulación del comportamiento
(…)”.
Pero
como se ha dicho, las leyes en biología son estadísticas y, en
palabras más llanas, lo que esto quiere decir es que siempre existen
excepciones a la regla. Es
decir, están muy equivocados los que creen que ya está todo dicho
sobre un determinado grupo de organismos. Hay que conocerlo
muy bien y tener, al menos, una visión general amplia de dicho grupo
para poder afirmar tendencias dentro de él. Pero en la
generalización sin pruebas, o cosificación, podemos caer todos sin
darnos cuenta. Incluso les ha ocurrido a Teri
J. Orr
y Patricia
L.R. Brennan en
su reciente trabajo. Han consultado su información disponible sobre
los Cnidarios y han supuesto que todos tienen fecundación externa,
es decir, son todos seguidores de la estrategia “gonadocéntrica”,
pero
esto no es así. Pero es normal que esto ocurra ¿Quién puede
imaginarse a una medusa realizando complicadas maniobras copulatorias
para insertar esperma dentro de un receptáculo? ¿Quién puede
imaginarse a una medusa haciendo nada? La vida es más complicada de
lo que nos imaginamos.
Antonio
Carlos Marques y
algunos de sus colaboradores, en respuesta al artículo Orr y
Brennan, recuperan algunos de los ejemplos más extravagantes de
reproducción interna en Cnidarios (4).
Por
ejemplo en algunos cubozoos (una clase de Cnidarios conocidos por su
venenosa picada. Ya hemos hablado de ellos (5) en otra de nuestras
entradas), como en Carybdea
marsupialis y
Alatina alata se
ha descrito la fecundación interna (pese a que el modo habitual de
reproducción de los cubozoos sea la reproducción externa). De
hecho, es un tipo de fecundación interna bastante peculiar: las
hembras de estas dos especies “capturan” el esperma para
introducirlo en su cavidad gastrovascular (la única cavidad que
poseen estos animales, que no es más que una continuación del poro
oroaboral, es decir, el único agujero que hace, a la vez, de entrada
y salida de la cavidad); lo hacen facilitado por una agregación con
machos donde los machos excretan los gametos al medio y las hembras
lo captura. Pero esto no
es absolutamente nada comparado con el elaborado comportamiento
sexual de la familia Tripedaliidae, en concreto en las especies
Copula sivickisi y
Tripedalia cystophora.
Las medusas de esta familia son todas de pequeño tamaño, mostrando
algo bastante extraño dentro de tipo Cnidaria: dimorfismo sexual.
Además, presentan comportamiento de cortejo. Recordemos que las
medusas todavía son animales que no están cefalizados. Sería muy
interesante dilucidar cómo son capaces de almacenar y procesar la
información que implica la posesión de un comportamiento de
cortejo. Seguramente descubriríamos algunas de las propiedades de
las redes complejas detrás de este comportamiento (6). Así
describen el comportamiento los autores:
“Durante la formación de la pareja, el macho usa sus tentáculos
para controlar a la hembra, acercándola para transferir al
espermatóforo, que invariablemente incorpora. El haz de esperma es
acomodado en su cavidad gastrovascular (transcurridas varias
horas), que conecta el estómago y estructuras especializadas para
funcionar en el almacenamiento de esperma” (4).
Y
nos aportan imágenes de este mágico instante (Fig. 1). Este
espectacular comportamiento termina con un final no menos llamativo:
la hembra, tras unas horas/días, deposita un embrión encima del
sustrato, comportamiento que también es único entre los cnidarios.


Figura 1. En la imagen de la izquierda vemos cómo
el macho de Copula sivickisi engatusa
a la hembra con sus tentáculos y la controla. En la de la derecha
vemos cómo estira los tentáculos para insertar el espermatóforo.
Lo
que observamos naranja/rojo en la imagen es el espermatóforo.
REFERENCIAS
- Mayr, E. (2016). Así
es la biología. Debate. - Orr, T. J., & Brennan, P. L. (2015). Sperm
storage: distinguishing selective processes and evaluating criteria.
Trends in ecology & evolution, 30(5), 261-272. - Guest, J. R., Baird, A. H., Clifton, K. E., & Heyward, A. J.
(2008). From
molecules to moonbeams: spawning synchrony in coral reef organisms.
Invertebrate Reproduction & Development, 51(3),
145-149. - Marques, A. C., Rodríguez, J. G., & Ames, C. L. (2015).
Internal
fertilization and sperm storage in cnidarians: a response to Orr and
Brennan. Trends in Ecology and Evolution, 30(8),
435-436. - La Quimera de Gupta, “No
es oro todo lo que reluce – Cnidarios: Fase medusa y Fase pólipo”,
Mayo 2015 - La Quimera de Gupta, “La
teoría de la complejidad: ¿Qué puede aportarnos para comprender la
evolución?”, Enero 2017


